Mi papá estuvo 14 años con Nasik, Bisolvon y al final Flixonase para la sinusitis crónica.
Los medicamentos lo fueron apagando antes de que la inflamación terminara de ganarle por completo.
Yo me negué a seguir ese mismo camino. Y para cuando termines de leer esto, vas a estar furiosa. Como yo lo estuve.
Empezó con una sinusitis "de temporada" cuando yo tenía doce años. Le recetaron Nasik. "Solo úsalo mientras se te destapa", dijo el doctor. Dos semanas después ya no podía dormir sin él. A los dos años le sumaron Bisolvon para el moco espeso. A los cinco, Loratadina para "el componente alérgico". A los diez, lo operaron los cornetes nasales. Mejoró tres meses. Volvió igual.
Mi mamá lo recuerda en la cocina de Tepito a las dos de la mañana, con la cabeza sobre el vaporizador, tratando de respirar antes de dormir. Cada noche igual.
A los catorce años de tratamiento lo volvieron a operar. Esta vez los senos paranasales. El otorrino dijo que era "la solución definitiva". Duró cuatro meses sin spray. Luego volvió la congestión, la presión detrás de los ojos, el dolor de cabeza que no cedía ni con ibuprofeno.
14 años cambiándole medicamentos y subiéndole dosis. Y ni una sola vez alguien le preguntó por qué su mucosa seguía inflamándose en primer lugar.
Murió a los 69 años. Sus últimos años fueron eso: cabeza tapada, sin oler la comida, sin dormir seguido, con una calidad de vida que ningún doctor consideró suficiente razón para buscar algo distinto.
Su sinusitis "controlada" en papel. Pero su mucosa destruida por catorce años de medicamento que nunca tocó la causa real.