Llevo seis años con la piel perdiéndose delante de mis ojos. Y ningún producto, ninguna crema, ningún suplemento llegó a donde estaba el problema.
Pond's Age Miracle con retinol, ocho meses seguidos. La piel más hidratada dos semanas — las mejillas igual de hundidas. Neutrogena Rapid Wrinkle Repair, porque la vi en Farmacias Guadalajara y pensé que esta vez iba a ser diferente: el tono mejoró tres semanas y volvió al gris. L'Oréal Revitalift Láser con vitamina C, $490 pesos al mes durante un año entero — doce meses, los surcos nasolabiales igual de marcados. Colágeno hidrolizado en polvo Nutrisé disuelto en agua tibia cada mañana, once meses seguidos — mis articulaciones quizás, mi cara igual. Ampollas Cicatricure antiedad que prometían "penetrar capas profundas" — la piel se sentía suave en el momento y al día siguiente lo mismo de siempre.
Tres años. Más de $28,000 pesos. Y seguía apagando el video en el Zoom. Seguía sacándome fotos y borrándolas de inmediato. Seguía maquillándome más que antes — no para verme mejor, sino para tapar lo que sentía que se estaba yendo: el volumen de los pómulos, la definición del contorno, la expresión que antes tenía mi cara.
Me negué a seguir tirando dinero al mismo hoyo. Y para cuando termines de leer esto, vas a estar furiosa. Como yo lo estuve.
Empecé con cremas a los 43. A los 45 agregué colágeno en polvo. A los 47 probé los sérums caros de farmacia especializada. A los 49 mi dermatóloga me presupuestó radiofrecuencia y rellenos. En seis años nadie, ningún producto, ninguna consulta, me explicó por qué mi piel había dejado de responder.
Mi cara "cuidada" en papel. Pero el colágeno destruyéndose por dentro, el volumen perdiéndose en silencio, por media década de productos que nunca tocaron la causa real.